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  • Master suite - Estancia Monteviejo

    SERIE HISTORIAS APASIONANTES : Elisa Brown

    12 de Abril del 2016

    E l  Almirante Brown justificaba la fascinación que ejercían sobre la joven Elisa los grandes espejos de agua, diciendo que por las venas de la jovencita corría la sangre de antiguos marinos irlandeses. 
    Vivió en Inglaterra con su madre y su pequeño hermano Guillermo hasta 1813, cuando Brown, que había regresado a Buenos Aires, va a buscarlos y regresan todos a la convulsionada América. Se instalan definitivamente a orillas del Plata La pequeña Elisa vive en una quinta cuyos fondos son los esteros del río más ancho del mundo.
    Habiendo el gobierno encargado al Almirante la formación de la flota que debía enfrentar al coloso portugués, la quinta de Barracas se convirtió en el lugar obligado de reunión para los jóvenes marinos que rodeaban a Brown:, entre ellos Francisco Drummond. Era el capitán más joven y también el más apuesto de la escuadra, con apenas 25 años y azules ojos irlandeses.
    Elisa, con sus escasos 16 años, cautivó a Drummond con su dulzura y su inocencia. Los novios comenzaron a hacer planes para el futuro. Eran tiempos de urgencia, tiempos de guerra, cuando no quedaba mucho espacio para el amor, por lo que Elisa empezó a coser y bordar su traje de novia.
    Pero restaba aún una batalla, y el destino quiso que Francisco fuera herido. El corte de una arteria provocó la hemorragia mortal y el valeroso muchacho murió en brazos del Almirante, que alcanzó a darle un beso en la frente, ese beso que no pudo darle Elisa.
    Cuando Brown entró a su casa, no hizo falta que dijese nada. Entregó el anillo de Drummond a su hija, que lo puso en su dedo sin decir palabra y sin derramar una sola lágrima. Nadie volvió a escuchar su voz después de esa noche. Al llegar la primavera, Elisa comenzó a cortar flores del jardín y a arrojarlas al río durante sus largas caminatas por la orilla, mirando absorta como las suaves olas las llevaban aguas adentro.
    El 27 de diciembre, al atardecer, se puso el vestido de novia que con tanto amor bordara, recogió un gran ramo de flores y caminó sin prisa hacia las tibias aguas. Al llegar a la altura del Canal de las Balizas se dejó llevar por el río. Su cabellera de oro y su vaporoso vestido la sostuvieron breves instantes, antes de hundirse para siempre.

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