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  • Master suite - Estancia Monteviejo

    SERIE HISTORIAS APASIONANTES : Camila O'Gorman

    30 de Septiembre del 2015

    En la Estancia Monte Viejo el huésped puede revivir las apasionantes historias de mujeres valerosas de la Argentina. Sin ellas la historia del país no sería la misma. Inauguramos esta serie con Camila O'Gorman, una mujer coraje que murió por amor en 1.848 y a la que Estancia Monte Viejo ha dedicado la Suite principal.
    Esta es la historia de Camila O'Gorman y Ladislao Gutiérrez:
    El era sacerdote. Ella, una niña de sociedad. A pesar de esas circunstancias, los ahogó una pasión que terminó por matarlos: el Restaurador, Juan Manuel de Rosas, ordenó su fusilamiento aun sabiendo que ella estaba embarazada La actual iglesia del Socorro, en Buenos Aires, fue escenario del despertar de este amor. En las cercanías vivía la familia O’Gorman. Camila tenía una gran personalidad, heredada de su célebre y bella abuela Anita Perichon, amante del virrey Liniers. El otro protagonista era un joven de cutis moreno y mirada viva. Ordenado sacerdote a los veinticuatro años, Ladislao Gutiérrez fue designado párroco en la iglesia del Socorro. Pronto reparó en la joven.  Como casi todas las mujeres de esa época, Camila era bastante devota. Iba a misa con frecuencia y le gustaban mucho los sermones del nuevo párroco. A veces él iba de visita a su casa.  La pasión  Camila comenzó a sentir algo completamente nuevo y desconocido. Cuando escuchaba sus sermones en la iglesia, su voz decía más que las palabras que pronunciaba, y mientras se dirigía a toda la concurrencia era ella la que recibía la mirada de sus pupilas ardientes y sentía que un licor la incendiaba por dentro.  Cuando les resultó imposible ignorar ante sí mismos que se querían, él la tranquilizó convenciéndola de que aquello no era un crimen. Reconocía haberse equivocado al seguir la carrera sacerdotal, pero consideraba que, por las circunstancias, sus votos eran nulos. Y si la sociedad no permitía que la hiciera su esposa ante el mundo, el la haría suya ante Dios. Querían cumplir su voluntad, vivir juntos y multiplicarse como la pareja primigenia.  Camila no podía imaginarse la vida sin él. Poco a poco fueron forjando el plan: Irían hacia Luján, de allí pasarían a Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. El destino final, si todo andaba bien, sería Río de Janeiro.  Pudieron vivir cuatro meses en una relativa felicidad, olvidando la persecución de que eran objeto. Ocurrió el desastre cuando encontraron en una casa de familia a un sacerdote irlandés que conocía a Gutiérrez. La noticia voló y al día siguiente, por orden del gobernador, los dos fueron encarcelados e incomunicados.  Rosas ordenó la inmediata ejecución de los reos sin dar lugar a apelación ni defensa. Sólo se les otorgaban unos instantes para confesarse y prepararse para morir. Fue entonces cuando enviaron un urgente despacho avisando el estado de preñez de la joven. El gobernador no podía aceptar que existiera un testimonio vivo de la desobediencia, un hijo que hubiera representado para muchos el triunfo del amor sobre el orden establecido.  Cerca de la hora, Gutiérrez pidió que entregaran a Camila un papelito. Sacó de la gorra de piel que llevaba un lápiz y escribió:  "Camila mía: acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo, ante Dios. Te abraza, tu Gutiérrez."  Mientras los soldados los ataban nerviosamente a los banquillos, Camila y Gutiérrez pudieron hablarse y despedirse, hasta que este último comenzó a gritar: "Asesínenme a mí sin juicio, pero no a ella, y en ese estado ¡miserables...!".  Cuatro balas terminaron con su vida. 

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